
Leer
Se aprende a leer antes de leer. O mejor podríamos decir, se aprende a amar la lectura aún antes de saber leer. Se llega a la lectura a través de la voz del otro en la primera infancia. A través de la voz de la madre, del padre, de los abuelos cuando nos cuentan un cuento cuando somos bebés. No es nuevo que la oralidad, la palabra hablada es el puente de iniciación a la literatura y a la lectura. Es la fascinación por las historias, por la narración la que, en primer lugar, puede atraparnos en la lectura.
Decálogo del buen lector, Antonio Muñoz Molina (Feria del Libro de Guadalajara 2007)
Correr
Casi 7.000 personas tomaron la salida del parque de El Retiro en la primera Maratón de Madrid que, al final, ha batido récords, tanto de participación como de tiempo invertido en el recorrido. Casi 7.000 entusiastas, mayores y niños, hombres y mujeres, dieron con el deporte y el esfuerzo una noble respueta a la gran ciudad, elemento cada vez más hostil y deshumanizado.
Primer Maratón de Madrid, No-DO 29 de Mayo de 1978
Escribir
La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crecía, maduraba y envejecía, las historias que llenaron mi infancia de exaltación y de aventuras.
Elogio de la lectura y la ficción, Mario Vargas Llosa (Discurso pronunciado al recibir el Premio Nobel de Literatura 2010)
Vivir
El derecho a la ciudad no puede concebirse como un simple derecho de visita o como un retorno a las ciudades tradicionales. Solo puede formularse como un derecho a la vida urbana, transformada, renovada.
El derecho a la ciudad, Henri Lefebvre
Recién llegados a Madrid, nada más mudarnos a vivir cerca del parque, rápidamente aprendí que no había un sitio mejor para pasear con un libro debajo del brazo. Desde entonces, punto de equilibrio constante, cada amanecer del fin de semana conecto con la gran ciudad corriendo junto al lago mientras suena el saxo de un músico callejero. Junto a Atenas, allí mismo dibujamos las líneas de nuestros maratones cuando éramos jóvenes. Luego llegaron los paseos fuera de temporada, los picnic y las noches de verano, primero en pareja y después en familia. E incluso tuve la suerte de terminar las últimas correcciones de Regresar a Maratón frente a la cristalera de la Biblioteca Pública Municipal Eugenio Trías que se pierde entre los árboles.
Volver este domingo al parque de El Retiro para formar parte de la Feria del Libro de Madrid junto a Jesús España, familia y amigos es un regalo enorme. Una forma de cerrar un círculo, pero sobre todo una forma más de continuar el camino.
