Gipuzkoa, alma popular

corredores

[NOTA: Texto del Territorio Beamon de Tiempo de Atletismo (Programa 02 Temporada 03 en Corre a tu Ritmo y CORREDOR\ 04/11/2019)]

A medida que el mes de noviembre se instala en el calendario, la luz y los colores del otoño nos enseñan que todo es diferente.

Cada día, la penumbra de la noche se empeña en llegar antes a nuestras calles.

El frío comienza a acariciarnos el rostro.

El viento empieza a recordarnos que pronto llegará el invierno.

El sonido de las hojas caídas que pisamos mientras corremos parece despertarnos de las rutinas que a estas alturas del año ya lo inundan todo.

Y, acostumbrados a buscar respuesta a todas las preguntas que nos acechan, dos cuestiones retumban continuamente en nuestras cabezas de corredores: ¿Por qué corremos? ¿A dónde corremos?

En medio del otoño, en medio de nuestras dudas, San Sebastián y Gipuzkoa siempre son una buena respuesta: una carretera, el asfalto, el aroma del mar y la maravillosa sensación de correr bajo una fina cortina de lluvia.

Como un cuento en una noche de frío, las viejas historias nos sigue contando que viajar al norte del norte siempre es regresar al origen, a los mismos paisajes en los que se criaron Diego García, Martín Fiz y Alberto Juzdado antes de reinventar el maratón español moderno, al mismo escenario en el que a finales de los años setenta se batió en Oiartzun el récord del mundo de mujeres cuando el maratón femenino ni siquiera podía soñar todavía con ser olímpico, o a los mismos lugares a través de los que corrieron Mamo Wolde, Abebe Bikila y Carlos Pérez en Zarautz durante los años sesenta.

Como una agenda donde vamos anotando los sueños que nos quedan por cumplir, el alma popular de Gipuzkoa nos sigue recordando que los corredores siempre soñaremos con Behobias, con maratones en la playa de la Concha camino de Anoeta, o con los viejos caminos entre Azkoitia y Azpeitia donde una estatua recuerda que aquí empezó la historia de la mejor generación de maratonianos españoles.

Y como cada tarde, como cada otoño, seguiremos corriendo mientras todo seguirá ahí.

El barro de Elgoibar o Lasarte.

El verdadero sentido de la tradición y la afición por el deporte y el esfuerzo.

La alfombra roja que demuestra que los grandes festivales de cine también pueden tener a nuestros ídolos olímpicos como protagonistas.

El peine de los vientos de Eduardo Chillida junto al rumor del Cantábrico.

Y las carreteras que siempre desembocan a los pies del monte Igueldo atrapadas en la letra de una canción de Mikel Erentxun: “Se enredan los sentimientos. El viento brama con furia. Se tensa la piel del tambor. Las huellas en el horizonte me llevan a ti. Espérame en la vereda”.

Escucha el programa completo “Gipuzkoa, alma popular” (Tiempo de Atletismo 02 – 03):

YouTube CORREDOR\

Podcast CORRE A TU RITMO  (a partir minuto 66)

Cuando Carl Lewis soñaba con ser Bob Beamon

lewis

«Jugando con mi hermana en el jardín de la parte posterior de nuestra casa, antes de iniciar nuestras pequeñas competiciones imitábamos a un locutor de la televisión anunciando el récord del mundo de velocidad. Y uno de nosotros decía con voz profunda: “El récord está en 9,95 segundos. Carl o Carol podrían batirlo hoy en el Campeonato de Estados Unidos. Crece la presión ambiental. Se sitúan en la línea de salida…” Luego Carol obtenía una aplastante victoria sobre mí, cosa habitual.

Cuando me enteré del récord mundial de salto de longitud obtenido por un hombre llamado Bob Beamon, me dirigí al jardín delantero de casa con una cinta métrica. Marqué en el suelo los 8,90 metros, la distancia que había saltado Bob Beamon en los Juegos Olímpicos de 1968, e imité la voz del locutor. “Aquí está, amigos, Carl Lewis está a un salto del récord del mundo. Todo lo que tiene que hacer es saltar esta distancia”. Era un día más en nuestro pequeño mundo de fantasía. En aquel momento yo no era consciente de cuán increíble había sido el salto de Bob Beamon. Sabía que la distancia era larga, pero todo era largo para mí entonces. Después de marcar la distancia del salto de Beamon en el suelo, mi primer pensamiento fue: “¡Guau! Es más largo que un Cadillac“».

Extracto del libro Lewis, C. y Marx, J. (1992): Carl Lewis. En Pista (p. 27-28). Traducción Gemma Moral Bartolomé. Ediciones B, Madrid.

A una centésima de El Guerrouj

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 Tan solo unos minutos después de haberse quedado a una centésima del legendario récord de la milla en pista cubierta de Hicham El Guerrouj (3:48.45), Yomif Kejelcha (Etiopía, 1997) salió de nuevo a la pista donde acababan de disputarse los Millrose Games para continuar entrenando, como si la vida en el universo del entrenador Alberto Salazar siempre continuase igual. Sigue leyendo