Perec y Zatopek

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Recuerdo que en mi viaje a las Azores entré en el Peter´s Bar de Horta, un café frecuentado por los balleneros, cerca del club naútico: algo intermedio entre una taberna, lugar de encuentro, agencia de información y oficina postal. El Peter’s ha terminado por ser el destinatario de mensajes precarios y venturosos que de otra forma no tendrían otra dirección. Del tablón de madera del Peter’s penden notas, telegramas, cartas a la espera de que alguien venga a reclamarlas (…).

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(…) He acabado la jornada; dejo Europa. El aire marino me quemará los pulmones, los climas perdidos me broncearán. Nadar, segar la hierba, cazar y, sobre todo, fumar; beber licores fuertes como metales en ebullición… Volveré con miembros de hierro, piel oscura y ojo furioso, y, por la máscara, se me creerá de una raza fuerte. Tendré oro: seré un ser ocioso y brutal. Las mujeres cuidan a esos feroces lisiados de vuelta de los países cálidos…

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Tomo la palabra para decir que me acuerdo de Emil Zatopek, y que también me acuerdo de Georges Perec, que escribió un libro que se titulaba Je me souviens y en el que ninguno de los recuerdos era inventado.

Recuerdos inventados, Enrique Vila-Matas.

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