La mirada de Zatopek

Alain-Mimoun-l-und-Emil-Zatopek-bei-den-Olympischen-Spielen-1956-in-Melbourne

Emil Zatopek nunca fue el más elegante ni el más estiloso corriendo sobre la pista. Su ritmo desacompasado, su constante cabeceo transmitiendo sufrimiento y fatiga, y su rostro siempre desencajado hacían sentir al espectador que en cualquier momento el corredor checoslovaco iba a caer al suelo exhausto por el esfuerzo.

Pero Emil, el sencillo, el humilde, había forjado su carácter en los duros años de la Segunda Guerra Mundial, y su ambición, valentía e inusitada capacidad de resistencia y sacrificio le convirtieron en uno de los mejores fondistas de la historia.

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