Libros para una tarde de verano

A todas luces yo carecía de ese gen que hace que en cuanto uno se detiene en un lugar por un tiempo más o menos largo, enseguida eche raíces. Lo he intentado muchas veces, pero mis raíces nunca fueron lo suficientemente profundas, y me tumbaba la primera racha de viento. Tampoco he sabido germinar, desprovista de esa capacidad vegetal. No me nutro de la savia de la tierra, soy lo contrario de Anteo. Mi energía es generada por el movimiento: el vaivén de los autobuses, el traqueteo de los trenes, el rugido de los motores de avión, el balanceo de los ferrys”.

Los errantes, Olga Tokarczuk.

Biblioteca para una tarde de lluvia de verano. Three Musketeers, Dumas. Annapurna, Maurice Herzog. The Arabian Nights. The Pickwick Papers, Dickens. Sweet Thursday, John Steinbeck. The Prisioner of Zenda, Hope. David Copperfield, Dickens. Oliver Twist, Dickens. King Arthur, Jones. Ivanhoe, Walter Scott. Pride and Prejudice, Jane Austen.

Cambridge, Julio 2024

Dicen que los pueblos sedentarios, agrarios, prefirieren los placeres del tiempo circular en que todo suceso vuelve necesariamente a su inicio, un retorno en bucle al embrión para repetir el proceso de crecimiento y muerte. En cambio, los nómadas, los mercaderes, al emprender el viaje, se vieron obligados a inventar otro tipo de tiempo, más acorde con el hecho de viajar. Es un tiempo lineal, más útil, porque permite medir el proceso de ir acercándose al destino y llevar la cuenta del beneficio. Cada momento es diferente y nunca se repetirá, por lo que anima a correr riesgos y tomarlo todo a manos llenas, a no desperdiciar ningún instante. Pero, en el fondo, fue un descubrimiento amargo: cuando el cambio en el tiempo es irreversible, la pérdida y el duelo se convierten en algo cotidiano (…)”.

Los errantes, Olga Tokarczuk

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