Las tierras del dragón

Imagen del póster oficial de la XXXIV Tradicional Caminata de la Sierra – III Siete Picos Integral (El abrazo del dragón). Ayuntamiento de Cercedilla, 2018

Después de toda una vida corriendo, sólo tres maratones lucen en las piernas como un tatuaje grabado sobre la piel. Sólo tres después de tantos años, convencido desde el principio de que lo importante es el significado y no el número, y cada uno de ellos con tanta historia personal y emocional que bien podrían servir para resumir toda esta travesía: Atenas, Madrid y París.

Seguramente, no haya un simbolismo personal mayor para esos tres primeros puntos del tatuaje que siempre seguirán siendo los tres faros principales del viaje, pero ya ha llegado el momento de seguir ampliando geografías, siempre buscando esa misma vinculación emocional, pues de otra manera, sin que fuera algo totalmente personal, no tendría sentido seguir recorriendo otros caminos a estas alturas.

Imponentes, visibles desde cualquiera de los caminos que conducen a la Meseta, las montañas que se elevan por detrás del pueblo de Cercedilla fueron bautizadas durante la Edad Media por Alfonso X como la Sierra del Dragón, recogiendo una antigua leyenda: un viejo dragón llegó hasta estos pinares en busca de la cueva donde se escondía la fuente de la eterna juventud y al beber de sus aguas se transformó en roca, dibujando el macizo granítico que hoy conocemos como Siete Picos.

Desde Cercedilla, tras dejar atrás Camorritos y la pradera de Navarrulaque, el camino asciende hasta llegar a la primera de las protuberancias que sobresalen de esta columna vertebral montañosa que parecen las espinas de un dragón, el pico Majalasna (1.934 metros) cuya toponimia parece sacada de un mapa del Himalaya. De Occidente a Oriente, se irán sucediendo las siguientes cumbres numeradas de dos a seis, hasta llegar al más alto y el único con vértice geodésico, conocido también popularmente como el pico Somontano (2.138 metros). Y más allá, siguiendo la célebre Senda Herreros donde hay un dragón grabado en la roca, pronto aparecerán la virgen de las Nieves y el alto del Telégrafo. Después, si el legendario animal lo permite, llegarán las míticas cumbres de la Bola del Mundo y Peñalara en viaje de ida y vuelta. E incluso, quizás, más allá la meta de un nuevo maratón que sumar a la cicatriz, ya de regreso a la plaza del montañero pueblo de Cercedilla.

Pero para ello, después de tres años intentándolo sin haber podido todavía ni siquiera llegar a la línea de salida, primero habrá que suplicar al viejo dragón y confiar que nos de permiso para adentrarnos en sus tierras y salir victoriosos de ellas, como si ese fuera el verdadero secreto de la fuente de la eterna juventud.

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