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El día con dos noches

Pregunta (periodista) – Los eclipses han ocurrido desde que los seres humanos habitan la Tierra, incluso desde muchísimo antes. Y, más allá de ser oportunidades únicas para que los aficionados a la astronomía puedan vivirlos y los científicos estudiarlos, la alineación de nuestra Tierra, el Sol y la Luna nos brinda una oportunidad única de conectar a través del tiempo y del espacio con quienes, tanto en el pasado como en el presente, han observado el Sol. Y quizá, incluso de hacer nuevos descubrimientos en el proceso.

Respuesta (Cherilynn Morrow, astrofísica de la NASA) – Todos nuestros antepasados, no solo los de las primeras civilizaciones de la humanidad, sino también los de cada uno de nosotros, fueron observadores del Sol. Todos tenemos personas en nuestra historia, en nuestros antepasados, que aprendieron a vivir bien y en armonía con los ciclos del Sol.

Así, aprendieron los ciclos estacionales del Sol: observaban dónde salía y dónde se ponía en el horizonte para medir el paso del tiempo. E incluso gracias a ello sabían cuando llegaba el momento de cada estación y si era el momento de celebrar la ceremonia de invierno, de prepararse para plantar o de recoger la cosecha.

Aprendieron a vivir en armonía con el ciclo estacional del Sol y no estaríamos aquí si nuestros antepasados no hubieran descubierto cómo hacerlo.

P – Cherilynn creció con el deseo de convertirse en astronauta. Se hizo piloto y, después, astrofísica. Entonces comprendió que su verdadera vocación era acercar a personas de todos los orígenes y culturas al espacio y a la ciencia a través del Sol.

Nunca llegó a la Luna, pero ahora pasa su tiempo en un lugar que, según ella, es casi tan de otro mundo. Se llama Cañón del Chaco, en el noroeste de Nuevo México. El lugar donde comenzó la observación del Sol en el continente americano hace cientos de años.

R – El Cañón del Chaco me conquistó el corazón y despertó mi espíritu aventurero. El Chaco era como mi «Luna».

Es un paisaje de desierto elevado, muy austero… con horizontes inmensos hasta donde alcanza la vista, lo que lo convierte en un lugar magnífico para observar el Sol. Y paredes de cañones, rocas rojas, vegetación baja, enebros y arbustos de sal y salvia.

Hay olores intensos, propios del desierto; un clima muy seco, muy frío en invierno y muy caluroso en verano. Es, por tanto, un entorno natural muy remoto y exigente para cualquiera que quiera vivir allí.

Y, sin embargo, hace mil años, todos los caminos de la región conducían al Chaco.

P – Hay pruebas de que hace miles de años ya se observaba el Sol en distintos lugares del suroeste de Norteamérica en enclaves relacionados con la cultura del Chaco, como Mesa Verde, Bears Ears y Chimney Rock. Pero el Cañón del Chaco atraía a personas de toda la región. Tenía una importancia especial.

Hoy es Patrimonio Mundial de la UNESCO y es conocido por sus monumentales construcciones de arenisca, perfectamente alineadas con los puntos cardinales. Pero cuanto más han estudiado los científicos el Chaco, más se han dado cuenta de que los pueblos ancestrales que vivieron allí observaban atentamente el cielo.

Si uno se fija lo suficiente, puede encontrar petroglifos en espiral, representaciones grabadas en las paredes de los acantilados, que funcionan como pequeñas señales que indican «colócate aquí». Señalan exactamente el lugar desde el que hay que esperar y mirar hacia el horizonte para ver cómo el Sol atraviesa determinadas formaciones rocosas durante los equinoccios y los solsticios.

Así que, cuando llegó el momento de elegir un lugar en el que concentrar los esfuerzos de divulgación de la misión PUNCH de la NASA, cuyo objetivo es estudiar el Sol, Cherilynn eligió el Chaco.

R – Al centrarnos en el Chaco, que es un lugar de importancia regional para los descendientes de las personas que vivieron aquí y lo construyeron, pero que además es Patrimonio Mundial, podemos conectar realmente con las culturas de la región.

Así que colaboramos, por supuesto, con los descendientes de los pueblos ancestrales que hicieron que el Chaco cobrara vida hace mil años.

P – Para Cherilynn, existe una conexión directa entre los antiguos habitantes del Chaco, que estudiaban aquí el Sol para aprender a vivir de acuerdo con las estaciones que este gobierna, y los propios esfuerzos de la NASA por estudiar el Sol mediante misiones como PUNCH.

La misión PUNCH está formada por cuatro satélites del tamaño de una maleta que viajan por el espacio entre el Sol y la Tierra para crear una imagen tridimensional del viento solar que llega hasta nosotros. Los datos obtenidos podrían mejorar las predicciones sobre el clima espacial mucho más allá de lo que somos capaces de hacerlo hoy.

R – PUNCH va a estudiar cuándo termina la corona del Sol —la atmósfera exterior del Sol que vemos durante un eclipse solar total— y cuándo comienza el flujo del viento solar, esa región del espacio que se encuentra entre los planetas.

¿En qué punto termina la corona y comienza el viento solar?

P – Así que, del mismo modo que los petroglifos y las formaciones rocosas similares a calendarios que los antepasados de los actuales pueblos indígenas construyeron en el Chaco para comprender las estaciones terrestres que controla nuestro Sol y vivir de acuerdo con ellas…

R – Misiones de la NASA como PUNCH desempeñan un papel en el aprendizaje de cómo vivir bien y en armonía con el ciclo de actividad magnética del Sol.

P – Ese ciclo de actividad y las tormentas solares que genera afectan incluso a nuestro mundo tecnológico.

R – Nuestro enfoque presenta la exploración del Sol por parte de la NASA, la heliofísica de la NASA, como una prolongación natural de esa inclinación y dedicación que los seres humanos han mantenido durante miles de años por estudiar los ritmos y los misterios del Sol.

En realidad, nuestros antepasados fueron quienes iniciaron este camino, tratando de aprender a vivir bien con el Sol, y la exploración de la NASA no es más que una forma contemporánea de continuar haciéndolo.

P – A medida que Cherilynn profundizaba en su investigación sobre el Chaco, descubrió una conexión especialmente interesante con la ciencia de la NASA en un lugar llamado Rock of the Sun («Roca del Sol»).

R – Era uno de aquellos grabados en la roca, un petroglifo, pero diferente de cualquier otro que hubiera visto en el Cañón del Chaco.

Este petroglifo tiene aproximadamente el tamaño de una mano. Si un adulto extiende la mano y separa el pulgar del meñique, esa sería más o menos la medida del petroglifo: unos veinte centímetros de diámetro.

Es un círculo del que salen líneas curvas en espiral en todas direcciones. Y, arriba a la izquierda, hay otro pequeño círculo, también grabado en la roca.

P – Esas líneas curvas en espiral se parecen sospechosamente a una corona solar agitada, visible durante un eclipse que coincide con un máximo solar, como el eclipse que vamos a presenciar.

Imaginemos la escena: un miembro de un pueblo ancestral, casi quinientos años antes de que los primeros europeos pusieran los pies en Nuevo México, levantando la vista hacia un cielo que se oscurece y contemplando un Sol ardiente y enfurecido, para después dejar un registro permanente de lo que había visto.

R – Puede que incluso trabajaran juntos para hacerlo. Quizá varias personas lo observaron durante los pocos minutos que duró la totalidad y después colaboraron: «¿Qué has visto? ¿Qué has visto tú?». Y entre todos decidieron qué era lo que iban a representar en la piedra.

Esto no es lo mismo que hacer una fotografía. De hecho, nuestros ojos son mejores a la hora de percibir las estructuras de la corona. Si te fijas, cuando miras el eclipse y distingues esas estructuras que parecen irradiar desde el disco en el cielo, haces una fotografía y obtienes mucha menos información.

P – Aquellos antiguos habitantes del Chaco, al contemplar un cielo mucho menos contaminado, habrían podido ver la corona con mayor claridad durante su eclipse, ocurrido en un periodo de máximo solar, de lo que nosotros podremos verla en 2026.

Pero ¿representa realmente el petroglifo de la Roca del Sol una corona solar agitada durante un eclipse?

Bueno, del mismo modo que podemos predecir eclipses con miles de años de antelación, también podemos determinar con precisión cuándo ocurrieron en el pasado. Y sabemos que hubo un eclipse en el año 1097.

R – Sabemos con certeza que la trayectoria de totalidad del eclipse de 1097 pasó por el Chaco.

P – Mediante una fascinante combinación de técnicas científicas que incluye el análisis de la radiación solar registrada en los anillos de los árboles, los científicos determinaron que el eclipse de 1097 tuvo lugar durante un periodo de elevada actividad solar.

R – Y eso significa que era más probable que se produjeran tormentas solares… situaciones en las que ese material que sale del Sol puede ser expulsado violentamente desde la corona.

Este es precisamente el tipo de tormentas que PUNCH va a monitorizar, desde el momento en que abandonan la corona hasta que llegan a la órbita terrestre.

Por supuesto, en 1097 no teníamos PUNCH. Pero lo que sí tenemos son las observaciones a simple vista de las personas que vivían en el Chaco.

Fue una época de gran actividad solar, pero también de gran actividad humana en el Chaco. Era un periodo en el que sus habitantes todavía estaban construyendo la monumental arquitectura de arenisca cuyos restos podemos contemplar hoy cuando visitamos el lugar.

P – Así que los indígenas del Chaco realmente habrían estado contemplando una corona solar muy activa. Pero Cherilynn todavía tiene preguntas.

R – Sabemos que fue una época de gran actividad solar, un periodo de máximo muy intenso. ¿Presenciaron los habitantes del Chaco algún tipo de quiebros, espirales o curvas en la corona durante la totalidad?

Solo dispusieron de unos pocos minutos. ¿Vieron algo que después plasmaron, como una impresión de lo que habían contemplado, en aquel arte rupestre?

Nos entusiasma mucho esa pregunta y también la posibilidad de utilizar los datos de las modernas naves espaciales de la NASA, como el Observatorio Solar y Heliosférico, SOHO, que observa y obtiene imágenes de la corona solar de manera rutinaria; o el Solar Dynamics Observatory, además de otras misiones que están observando la corona.

Podemos comparar esas imágenes con los datos que tenemos ahora y que antes no existían. Y preguntarnos: «¡Vaya! ¿Esas estructuras encajan? ¿Coinciden con lo que observamos hoy de forma habitual en la corona?».

P – Espera que, reuniendo el petroglifo, algunos antiguos dibujos de eclipses del siglo XIX, piezas de cerámica del Chaco que encontró y que presentan motivos similares en forma de espiral, y las imágenes de la corona obtenidas por la NASA, pueda acotar cómo representaban los seres humanos la corona durante los periodos de máximo solar en sus obras de arte.

No hay manera de saberlo con certeza. Pero hay algo que sí está claro: este petroglifo es muy especial.

R – Lo que sabemos gracias a nuestros colaboradores culturales y a los descendientes con los que estamos trabajando es que, fuera lo que fuese aquello que vieron, era importante para ellos.

De lo contrario, no se habrían tomado el tiempo y el esfuerzo de tallarlo en la roca con tanta belleza y con semejante meticulosidad.

No hay ninguna razón para pensar que contemplar un eclipse en 1097 resultara menos fascinante que hacerlo hoy.

R – El espectáculo de la Luna ocultando por completo la luz del Sol en pleno día es algo absolutamente trascendente. Por esa iluminación tan extraña y sobrecogedora, todo resulta surrealista: nuestra existencia terrenal se vuelve, en cierto modo, irreal, mientras que la realidad celeste se hace tremendamente real.

Es una maravillosa coincidencia cósmica que podamos contemplar desde la Tierra algo así: un eclipse solar total.

P – Lo más importante es que los eclipses son esa singular coincidencia cósmica que podemos experimentar aquí, en la Tierra. Y cuando los vivimos, podemos detenernos un momento para pensar en nuestro lugar en el universo y en nuestro lugar dentro de la historia de la humanidad.

R – Cuando entramos en contacto con la corona del Sol al contemplarla, podemos comunicarnos a través del tiempo con los habitantes de las civilizaciones más antiguas como la del Chaco; a través del tiempo, del espacio y de la cultura.

Podemos conectar con aquellos pueblos ancestrales que presenciaron este eclipse en 1097 y que quizá lo dejaron registrado en su arte rupestre, y con nosotros ahora, que podemos contemplar un eclipse en una época de gran actividad solar…

y conectarnos no solo con ellos, sino también con las misiones de la NASA que están explorando el Sol.

P – Mientras contemplas este año la agitada corona del Sol, revelada por el eclipse solar, igual que hicieron los habitantes del Chaco hace casi mil años, piensa en cuántas personas han hecho lo mismo a lo largo de la historia.

Y piensa en la sonda solar Parker de la NASA, que atraviesa esa misma corona que tú puedes contemplar con tus propios ojos durante apenas unos minutos, mientras dura la totalidad.

Y, en medio de toda esa emoción fugaz, no olvides detenerte un momento para pensar en los millones de personas que están haciendo exactamente lo mismo que tú, por todo el país… contemplando el cosmos ante un acontecimiento poco frecuente, algo que trasciende la existencia humana, todos juntos, al mismo tiempo.

R – Y siento que esa es una idea tremendamente unificadora: que algo del mundo natural se nos ofrece a todos y que todos, todos nosotros, sin importar dónde nos encontremos, podemos compartir.

Es una forma de sentir nuestra unidad. Todos los habitantes del país podremos ver al menos una parte del eclipse.

Todos formamos parte de este cosmos. Todos pertenecemos a este cosmos y a este universo.

Esta es nuestra estrella. La estrella de todos nosotros. Un solo Sol.

[NASA – Sun Series: How to Experience a Total Solar Eclipse]

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